Sal de dudas
La comida no va solo de lo que cocinamos, sino de cómo la interpretamos, qué significados le damos y qué imaginarios creamos a su alrededor.
Esas son las conexiones sobre las que me interesa escribir.
Entiendo la comida como un territorio donde convergen culturas, cuerpos, relatos, poder, placer:
otras historias.
Porque la de la comida nunca ha sido una historia de pureza ni de inmovilidad, sino de encuentros y contaminaciones.
Así que siempre estoy dispuesta a entrar al trapo para desmontar algunos mitos, y más cuando quieren meterte un notario en tu plato o colarte la ancestralidad de la dieta mediterránea.
Me interesa contar el trabajo de las mujeres para visibilizar todos los espacios que ocupan, en la tierra y en el mar, y denunciar las violencias a las que se siguen enfrentando.
La agricultura es otro de los temas de los que me gusta ocuparme: quién cultiva lo que comemos, qué significa su trabajo y qué ocurre cuando ciertos alimentos desaparecen sin que nos demos cuenta.
La comida rara vez ocupa un lugar relevante en los museos, pero cuando lo hace, no pierdo la ocasión de escribir sobre ello. Lo mismo con libros o series en los que la comida es un elemento narrativo con peso propio.
Aunque verás que me he empecinado un poco con Bolonia, escribo también sobre Italia. A veces, también en italiano. Otras, en inglés.
Pero sobre todo escribo sobre Sicilia, la isla que desde varios años es mi casa y que mejor conozco.